A un año de la muerte del hermano marianista Lorenzo Aspe
Fue uno de los fundadores del Colegio de dicha orden en nuestra ciudad. Tenía 104 años a su muerte. Dedicó su vida a la formación de numerosas generaciones de niños y jóvenes.
Hace un año, fallecía a la edad de 104 años, Lorenzo Aspe, uno de los fundadores del Colegio Marianista de nuestra ciudad y referente de la congregación. Aspe fue uno de los fundadores del Colegio Marianista de Junín y la última visita en esta ciudad fue en 2013, cuando fue condecorado por su centenario de vida por los directivos y toda la comunidad educativa del establecimiento de calle Carlos Tejedor.
En esa ocasión, el Concejo Deliberante local sancionó por unanimidad una ordenanza que le otorgó el título de “Mérito al ciudadano”, distinción que se fundamenta en la dedicación de su vida a la formación de numerosas generaciones de niños y jóvenes.
En aquel momento, el proyecto fue presentado por el entonces presidente del Concejo, Pablo Petraglia, ex alumno y docente marianista.
El religioso nació en España en 1913; llegó a Buenos Aires a fines de 1939 para sumarse a la misión marianista en la Argentina, y dedicó desde allí toda su vida a la educación con un particular estilo y una presencia significativa que sus exalumnos no olvidan.
En 2013, el superior regional de los Marianistas, padre Andrés Tocalini SM, presentó su libro Anécdotas de una vida centenaria, en homenaje al consagrado.
Lorenzo Aspe nació en Vitoria, España, el 10 de agosto de 1913. Fue alumno del Colegio Marianista de su ciudad natal, donde recibió el llamado a ser misionero. A los 16 terminó el noviciado e hizo su profesión religiosa. Llegó a Buenos Aires a fines de 1939 para sumarse a la misión marianista en la Argentina, y dedicó desde allí toda su vida a la educación con un particular estilo y una presencia significativa que sus exalumnos no olvidan.
En 1965 formó parte del primer grupo de religiosos marianistas que iniciaron su misión en Junín. Durante muchos años fue profesor de diferentes materias. Se lo recuerda por su estilo particular, por su impronta y por sus creativos métodos pedagógicos. Luego de jubilarse, colaboró con proyectos de viviendas para familias carenciadas.
A fines de 1992 lo destinaron a Catriel, en Río Negro, y luego a Buenos Aires, donde llegó en 1996. Desde ese momento residió en la comunidad religiosa del Colegio Marianista, de Caballito.





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